Hay veces que te sientes raro contigo mismo, pero no es un sentimiento de tristeza o algo asi. Te sientes como si no tuvieras ilusión por nada, no te apetece hacer nada, ni hablar, ni reirte, ni ir a ningún sitio. Parece que te es todo "indiferente", que hay algo que te falta y necesitas y no sabes que es, aunque todo esté bien, pero te falta algo para estar como siempre. Además, no puedes hacer nada para dejar de hacer esto porque no es algo que tu provocas, simplemente a veces sudece.. y no lo puedes remediar hasta que se pase solo y vuelvas a estar como siempre. Es como los días que no hace sol, pero no llega a llover. Sólo hay nubes y esta tan gris que se oscurece el día.
miércoles, 26 de febrero de 2014
lunes, 24 de febrero de 2014
La lluvia debería limpiar hasta lo más profundo del alma.
Hay tres tipos de días. El día que desde el momento que te despiertas tienes suficiente fuerza para levantarte de la cama a la primera, te miras al espejo te sonríes y te ves guapa, y estás deseando salir a la calle a disfrutar de lo maravilloso que es el mundo. Casualmente esos días te lo pasas genial con tus amigos, estás a gusto con tu familia y tu novio te dice cosas que te encanta escuchar.
Luego, están los días de los que no te acuerdas al cabo de una semana porque han sido indiferentes. Has estado normal, pero no ha sido ni un gran día ni uno nefasto. Pasa desapercibido, es un día más que inconscientemente olvidas porque no ha marcado nada fuera de lo normal para ti. Estar porque tienes que estar y porque sí.
Y por último, están los malos días. Aquellos que te repugna recordar y que piensas que el universo se ha puesto de acuerdo para joderte a ti.Vas por la calle y de repente se pone a llover, no tienes paraguas. O vas andando y pisas una baldosa rota y te empapas el pantalón de agua sucia. Te enfadas con el mundo, y lo pagas con los que no tienen la culpa, te diriges a ellos hablándoles bordes como si ellos te estarían haciendo magia negra para amargarte la existencia o algo parecido.
Entonces, cuando ves que es un mal día y que la has cagado con los únicos que pueden hacer que eso cambie, te encierras en tí mismo. Decides que todo lo exterior es lo malo y lo que te está haciendo que estés así, empiezas a pensar en todo, todas las cosas que no son negativas pero en ese momento tu cerebro las da la vuelta y empieza a sacar pegas que no existen y que si lo estuvieses pensado fríamente ni se te pasarían por la cabeza. Retuerces todo, piensas que todo es una mierda y que no tienes nada suficientemente bueno en tu vida que te haga feliz. Todo te molesta, absolutamente todo, al mínimo ruido, al mínimo comentario saltas. Sin pensar. No te importan en ese momento las consecuencias de tus acciones lo más mínimo porque estás encerrado en ti mismo, con una barrera en los ojos, piensas que todo eso no va contigo, que no te incumbe.
Y después de todo el día, anochece. Llega el momento en el que peor puedes estar, te miras al espejo y no te encuentras. No te ves. Y piensas.. ¿Por qué a mi? Porque tengo que estar mal cuando no he hecho nada para sentirme así desde que me he levantado esta mañana. ¿He hecho algo para merecerme esto? Estos días son los que nadie quiere tener nunca y siempre evitamos y los convertimos en días indiferentes fingiendo que estamos bien. Pero ocurre, y hay veces que es inevitable.
Nadie queremos estar tristes, pero.. ¿por qué? Porque nosotros mismos nos autodestruimos cuando nos levantamos con mal pie. Porque cuando empezamos a pensar que estamos mal y que es un mal y que nadie ni nada lo puede arreglar, nosotros mismos estamos convirtiéndolo en un día aun peor.
Quizá si pensáramos de otra manera y racionalmente nos ahorraríamos esta mierda. Tan solo tienes que relajarte, pensar e imaginar que estás en la calle, diluvia, no tienes con qué ni dónde refugiarte y tu casa está tan lejos que cuando llegues habrá dejado de llover. No tienes solución para librarte de la lluvia. Entonces, camina despacio, mojate hasta la última gota de tu cuerpo, que nada te moleste porque lo peor que te podía pasar en tu situación es que lloviese. Y ya está lloviendo. No tengas prisa, no evites la lluvia porque por más que hagas y que intentes que paré no va a dejar de llover. Respira, y vete hasta tu casa mojándote y cuando llegues, estarás a salvo. Habrás dejado de mojarte por fin, pero sin forzar nada. Ya has llegado y estás bien.
Aguanta la lluvia, hazte fuerte y los malos días irán disminuyendo.
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